
Casi toda la acción de Providence Dream transcurre por la noche. Mientras sus conciudadanos duermen, también hay lugar para el romance, las coincidencias, el peligro, en definitiva, para vivir y para morir.
Una relación tan compenetrada como la de Oliver y Carol no podía durar eternamente. El detective y la periodista, ambos temerarios e incisivos, no tardarían en meterse en problemas... o éstos irán a buscarlos a ellos.
Para hacer presentaciones, y organizar las pruebas acumuladas, los detectives utilizan una pizarra en la sala de juntas de la comisaría. Ésta tiene una gran utilidad para presentar hipótesis de manera gráfica, siendo muy práctica para la supervisión del teniente Grant.
La ola de atracos a las licorerías de Providence provoca un malestar generalizado en las calles, incomodando a los vecinos del centro urbano, poco acostumbrados a esta clase de altercados.
Una de las claves del caso es la proximidad del atacante a sus víctimas, con disparos efectuados a bocajarro, a no más de un metro de distancia. Parece que el asesino inspiraba confianza y conseguía acercarse más de lo usual.
El caso de las licorerías obsesiona a Oliver por varios motivos. Primero, él anhela el caso que le promocione a teniente. Además, la rutina diaria en la comisaría hace que desee cualquier acontecimiento fuera de lo común. Por último, parece ser la única persona dentro de la policía que cree haber detectado un patrón en los asesinatos y se niega a cerrar el sumario.
Oliver no se siente particularmente cómodo llevando un arma de fuego en todo momento. Aunque creció admirando a Hopalong Cassidy, en esencia, admira los valores de justicia, equidad y discernimiento de sus viejos héroes, aunque sabe que la violencia engendra violencia.
Los detectives Wallace y Morante tienen acceso al garaje de la Comisaría Nº 24 y toman prestados toda clase de vehículos para misiones de reconocimiento y patrulla, sin distintivo policial.
El teniente Grant es el supervisor de Oliver, y sigue bien de cerca la evolución de sus investigaciones para el cuerpo. De sus evaluaciones periódicas depende que le recomiende para su ascenso.
Oliver es un tipo neurótico y atormentado . Los calmados consejos de su buena amiga Clarice son un bálsamo cada vez que se siente naufragar. Ella trata de distraerle de su morbidez natural.
Hay una pequeña tienda a pocas manzanas de los apartamentos Candice Hills, donde comprar vituallas a cualquier hora del día o de la noche. Es la tienda del Fletcher, y junto a la puerta de la calle, deja atado a su viejo perro, que agradece los mimos de Carol.
Cuando Oliver no puede dormir, se enfrasca en la escritura de una novela, en la que descarga sus frustraciones del día a día. No es más que una afición que le proporciona un cierto consuelo, para compensar su rutina en la comisaría.
La ciudad de Providence se convulsiona cuando empiezan a sucederse una serie de sangrientos atracos a pequeñas tiendas del centro. Sin embargo, el dinero no parece ser el móvil. Oliver será el único que establezca un patrón, mientras todos creen que se trata de un caso archivable.
Cuando Oliver y Carol dan el paso, se deciden a vivir juntos. Oliver traslada sus cosas al apartamento de su vecina, y hacen grandes planes de futuro.
Cuando llega la hora de la verdad para Oliver Wallace, estará sólo, sin nadie para ayudarle. En esos instantes, se definirá la clase de hombre que es... y tal vez sea el momento de abandonar todos sus sueños.
Visita con frecuencia la casa de Nick Constanza, frente a la ventana de Carol. Se ven transacciones de dinero, posibles ganancias del juego, o quizás alguna clase de cobro.
Mientras Oliver todavía no conocía a Carol, ya se sentía atraído por ella. Cuál será su sorpresa cuando compruebe que la joven periodista le corresponde.
Carol Copland está en la plantilla del Providence Gazette. Telefonea a Oliver desde su cubículo en la redacción del periódico, y tiene acceso a los ficheros de la policía y las oficinas del censo municipal.
Una taberna irlandesa, el Irish Rose Pub, es el habitual punto de encuentro para los policías de Providence. Allí celebran su primera cita los ilusionados Oliver y Carol.
Carol y Oliver se entretienen investigando a su vecino Nick Constanza y sus intempestivas actividades. Poco a poco, van reuniendo pruebas y haciendo averiguaciones.
Ex corredor de apuestas y chantajista de poca monta, fue informador de la policía y estuvo en prisión de 1976 a 1980. Actualmente vive en un bajo de los apartamentos Candice Hills, y recibe sospechosas visitas de madrugada.
Oliver y Carol viven los apartamentos Candice Hills, un complejo residencial no lejos del centro urbano. Clarice, la mejor amiga de Oliver, también se aloja en un apartamento próximo. Se ven a menudo en las escalinatas de acceso al portal.
El agente Dickinson es uno de los más antiguos del cuerpo de Providence. Lleva más de veinte años patrullando las calles, es un perro viejo.
Maduro, cínico, carismático, policía de carrera y con un excelente estatus dentro de la comisaría, Jason Morante es el ex compañero de Oliver. Divorciado y con un hijo, asume el rol de hermano mayor para Oliver.
Joven, idealista, obsesivo, fiel al cuerpo de policía, aunque no muy bien integrado dentro de la comisaría, Oliver sueña con ascender a teniente, como su admirado superior, Grant.
La comisaría donde trabaja Oliver se sitúa en el Distrito Nº 24, en la zona centro de la ciudad, un barrio normalmente tranquilo por las noches.
Fundada en 1636 por Roger Williams, en la actualidad cuenta con 173.618 hab. (censo del 2000). Es la capital y la ciudad más grande de Rhode Island.
El trabajo diario de la Comisaría Nº 24 consiste sobretodo en rellenar formularios y redactar informes, un quehacer de lo más tedioso para el inquieto detective Wallace.
El cuerpo de policía de Providence está formado por oficiales graduados en la Academia LaSalle. La mayoría solo se preocupan por estirar su exiguo sueldo y no resultar heridos a lo largo de la jornada.
Cuando Oliver no puede conciliar el sueño, sale a las escaleras de incendios de su edificio en Candice Hills, para respirar el aire nocturno. Desde allí, no puede evitar observar a su vecina Carol.
El padre de Oliver, el ya anciano detective Wallace, Sr. es un policía retirado con casa en las afueras de Providence. Fumador empedernido, le agrada dar consejos a su inexperto hijo, quien se considera seguidor de una tradición familiar.
Una ola de crímenes asola Providence en los últimos tiempos. Vienen encadenándose una serie de atracos, con homicidio, en licorerías del centro. Se trata de una práctica común en grandes ciudades, pero Oliver intuye una relación y pretende seguir investigando.
Ellos no bromean ni se toman las cosas a la ligera. Son concienzudos. Eficientes. Mantienen las distancias. En cierto modo, se adaptan al trabajo que desempeñan. Son fríos como el cadáver que examinan.